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Drama Fantástico. En la época colonial, Macario (Ignacio López Tarso), un campesino sumamente pobre que tiene esposa y cinco hijos, se dedica a vender leña en el pueblo. Harto de una vida de privaciones y apuros, manifiesta que su mayor anhelo es poder comerse él solo un guajolote (pavo) para saciar su hambre, sin tener que compartirlo con su numerosa familia. Su esposa (Pina Pellicer), confidente de tan profundo deseo, un día roba uno de la granja de una familia rica y lo cocina para Macario. Éste se va al bosque para comérselo en solitario, pero cuando se dispone a hacerlo, Dios, el Diablo y la Muerte se le aparecen para pedirle que lo comparta. Solamente le da a la Muerte y ésta a cambio le entrega una botella de agua que cura cualquier enfermedad. Pronto gana mucho más dinero que el doctor del pueblo, pero también llama la atención de la temida Santa Inquisición... 

 

 


Basada en un cuento homónimo de Bruno Traven, esta gran película fue dirigida por Roberto Gavaldón, y fotografiada por el laureado Gabriel Figueroa. Fue merecedora de mayores reconocimientos a nivel internacional, como la nominación a la Palma de Oro en el Festival de Cannes, y fue la primera cinta mexicana en ser nominada al Oscar en 1961 como Mejor Película Extranjera, premios que ese año se llevó El Manantial de la Doncella de Ingmar Bergman. Sin embargo, la crítica revisionista que surgió en México a principios de los años sesenta acusó a Macario y a su director de un exceso de preciosismo y artificialidad, y para su mala suerte, no pudo competir al Ariel porque desde 1958 dicho reconocimiento había sido suspendido debido a la mala calidad de producción en la que se encontraba la industria cinematográfica nacional. Estas apreciaciones condujeron a un prematuro desprestigio del cine de Roberto Gavaldón, quien una década atrás había sido uno de los directores más respetados de la industria fílmica mexicana. Por algunos años, Macario fue considerada como una película hecha para satisfacer el gusto extranjero, triunfar en festivales y subrayar un nacionalismo anacrónico y nada moderno. Luego, en los años ochenta, Gavaldón fue revalorado y sus películas –Macario incluida- apreciadas por las mismas razones que anteriormente fueron criticadas. Actuación magnífica del señor Ignacio López Tarso, Enrique Lucero como la muerte y debut de la inolvidable Pina Pellicer, que le valió ser contratada en Hollywood por Marlon Brandopara encarnar a su interés romántico en El Rostro Impenetrable (One-Eyed Jacks, 1961), dirigida por él mismo. Tarso y Pellicer volverían a actuar juntos en uno de los mejores dramas de la época: Días de Otoño (1963), también de Gavaldón. 

 
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